Actividad de lectura
En las últimas cuatro décadas el pensamiento ambiental ha generado una rica producción teórica, proceso que actúa como forzante de transformación del conjunto del pensamiento científico. Las preocupaciones teóricas centran su atención en las zonas de borde de los recortes disciplinares.
El proceso conduce a la necesidad continua de redefinir el objeto de la temática ambiental para orientar las intervenciones. Objeto que mutó desde la ingenua definición de medio ambiente, ambiente 1a sistema ambiental, sistema socioambiental, sistema complejo, integrando también aspectos operativos como: multiescalaridad, multidisiciplinariedad e interdisciplinariedad. Todos estos esfuerzos teóricos, se articulan con el desarrollo de aspectos prácticos que permitieron la generación de grandes volúmenes de información. Así un hito destacable a comienzos del siglo XXI es que la capacidad de comprensión del “objeto ambiente” desde las perspectivas que podemos denominar clásicas, construidas sobre los cimientos de los paradigmas de la modernidad2, llegó a un punto de agotamiento. La búsqueda de la solución a este problema se ubica en el límite de superación del postulado dualista, intentando la unificación sociedad – naturaleza. Es desde esta identificación del problema, partiendo de la interdefinibilidad de los procesos ambientales e intentando conectar los principales aportes teóricos generados en las discusiones más o menos difusas sobre ambiente, sistemas complejos, sistemas acoplados y de la ciencia transdisciplinaria, que se propone una construcción conceptual de sistema ambiental, que posibilite la realización de actividades de intervención en los territorios3 concretos.1- La creciente importancia de la temática ambiental
1 Desde la concepción más simple de ambiente como aquello que rodea al hombre o a una población biológica cualquiera, hasta la noción más actual y compleja que lo concibe como un sistema resultante de la interacción entre sistemas sociales y naturales. (González, E 2003)
2 Paradigma de la modernidad: Un Paradigma es el cuerpo de creencias, presupuestos, reglas y procedimientos que definen como hay que hacer ciencia. El paradigma de la modernidad refiere al racionalismo analítico para conocer la realidad: la razón como única autoridad y la neutralidad valorativa como criterio fundamental en la búsqueda de la objetividad. (Hurtado León y Toro Garrido, 2005)
3 Un territorio es un estado de la naturaleza, que alude al trabajo humano que se ejerce sobre una porción de espacio (Raffestin, 1986). El concepto refiere a la indivisibilidad de la naturaleza, de la cultura y el espacio. El territorio es una categoría densa que contiene a la historia que lo contiene.
A comienzos del siglo XXI se destaca la importancia que las sociedades humanas asignan al tema ambiental, la necesidad de avanzar en la comprensión del funcionamiento de los sistemas ambientales y la urgencia en encontrar soluciones a los problemas ambientales. Así la temática ambiental como objeto de investigación transita progresivamente y rápidamente desde un lugar marginal hacia uno de los principales desafíos científicos del momento.
La preocupación social y científica por la temática ambiental no es una novedad en el conjunto de las reflexiones humanas, esta preocupación más o menos estructurada se puede ubicar en un periodo temporal de varios miles de años, al menos desde que surge la agricultura (Glacken, 1996; Camus, 2001), pero es a partir de la década de 1960 en que se comienza un trabajo sistemático, creciente y acumulativo sobre esta reflexión y un acompañamiento con investigación científica (Gallopin et al., 1989; Berkes & Folke, 1998; Turner et al., 2003).
Un hito fundamental que motiva y consolida el trabajo científico en esta línea es la publicación en 1962 del libro de Rachel Carson La Primavera Silenciosa, que coloca en el centro del debate un problema de magnitud planetaria, el uso de pesticidas persistentes en la agricultura orientada por la revolución verde (Kiely, 1999) . En este trabajo se analiza la liberación de sustancias con riesgo de contaminación, discutiendo los posibles efectos en el ambiente. Sobre fines de la década de 1960 y principios de la década de 1970 frente a la consolidación de las evidencias de la problemática ambiental y los efectos de las acusaciones multiformes que venían estableciéndose en relación al impacto de diversas actividades productivas, hay un intento por cambiar el sentido del debate. Una nueva idea revoluciona el pensamiento ambiental, con los aportes de Lovelock, que en 1972 propone el concepto Gaia, más abarcativo que los precedentes en referencia al funcionamiento del planeta. Retomando la imagen de “nave espacial tierra” metáfora acuñada sobre fines de la década de 1950 (Deléage, 1991), Lovelock propone que el funcionamiento de la tierra esta dado por la interacción entre los componentes físicos, químicos y biológicos del planeta (Lovelock, 1988). En estas interacciones los seres vivos realizan las regulaciones del funcionamiento del ambiente (Margulis y Sagan, 1989). Esta propuesta permitió un avance en el reconocimiento de la complejidad del tema ambiental, destacando la necesidad de las visiones holística el problema. Pero mantiene dos grandes debilidades:
a) Reconoce que los seres vivos realizan las regulaciones del funcionamiento del ambiente y por tanto el ser humano en la búsqueda de recursos para satisfacer sus necesidades se convierte en el principal agente de regulación. Esta línea de razonamiento puramente biofísica da pie a la consolidación de las ideas neomalthusianas4 como factor biológico de distorsión de las regulaciones del funcionamiento del planeta;
b) la nueva estructura de razonamiento propuesta permite avanzar en la reflexión sobre el ambiente sin incorporar las diferencias, conflictos y contradicciones en las sociedades humanas.
Posteriormente se construye una alternativa novedosa, en base a retomar la profecía maltusiana del siglo XVIII, intentando superar el debate con la presentación de un modelo simple pero científicamente validado donde se incluyera el parámetro demográfico en el análisis de la situación ambiental. Los trabajos de Paul Ehrlich logran consolidar parcialmente esta alternativa, en especial a partir del influyente trabajo “Impact of population growth” publicado en la revista Science (Ehrlich y Holdren, 1971) que apunta a centrar la atención sobre el crecimiento de la población humana como eje de la problemática ambiental mundial. Estos trabajos, fuertemente
4 Thomas R. Malthus (1766-1834) “Ensayo sobre el principio de la población” publicado en 1879 dónde sostenía que la especie humana tendería a multiplicarse mucho más rápido (progresión geométrica) que la producción de alimentos (progresión aritmética), generándose así el hambre en el mundo.
cargados de ideología, realizan paralelismos simples entre sistemas biológicos y sistemas sociales, rápidamente aportaron una solución aparente al problema. Lograron definir la causa, aislarla y por tanto solo restaba actuar sobre ella para resolver el problema. El problema ambiental se reducía al tamaño de la población humana.
A fines de la década de 1970 y comienzos de 1980 el tema ambiental ya había ganado un espacio importante en la preocupación científica internacional. Comienzan a identificarse nuevas forzantes sobre el funcionamiento de los ecosistemas, las emisiones de gases, producto de los sectores industriales y transporte, los desechos sólidos industriales y urbanos, metales pesados, derrames de petróleo, la aceleración de la carrera armamentista entre otros. El ambiente se convierte en un objeto de la ciencia, y aunque se continúan los intentos por considerarlo como un fenómeno de opinión, progresivamente se transforma en un “acontecimiento en el orden del saber”. Entonces las determinaciones de existencia de un objeto de estudio no pueden ser consideradas como un fenómeno de opinión, sino como un acontecimiento en el orden del saber, producto del esfuerzo sistemático en estas décadas por construir un pensamiento crítico, científico y original de la teoría ambiental.
2- Identificando nuevas complejidades en el problema ambiental
La cultura técnico –científica característica de la modernidad comienza a ser identificada como parte del problema ambiental y por tanto analizada, destacando algunos elementos interesantes por ejemplo que esta cultura tiene su base en el consumo de naturaleza sin tener la capacidad de reconstruirla (Moreira, 1993). Así se plantea en la década de 1980 que la crisis ambiental en verdad es propia de la cultura técnica – científica, raíz de la sociedades modernas (Domínguez, 2011).
Ante la demostración de los fracasos de los paradigmas del desarrollo y progreso, a finales de la década de los 80’ surge un nuevo paradigma que intenta marcar otro rumbo de explicación y superación de los problemas en la gestión de los bienes de la naturaleza, el paradigma del desarrollo sustentable.
“El desarrollo sustentable es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (CMMAyD, 1987. Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo)
Desde otras vertientes se critica el proceso de desarrollo teórico ambiental considerando que es la resultante de un movimiento esencialmente cuestionador en sentido negativo y que solo destaca los aspectos no positivos de la sociedad moderna. Proponiendo desplazar la discusión desde este “ambientalismo crítico” hacia la articulación del desarrollo tecnológico con el ambiente de manera positiva (Botkin, 1992). En definitiva la propuesta de Botkin, que tendrá un amplio desarrollo practico y muy escaso desarrollo teórico, logró en parte su objetivo “Necesitamos una ciencia de la ecología, que adopte una actitud más “constructiva y positiva hacia el desarrollo” en especial referencia al desarrollo económico.
Paralelamente en la década de 1980, la emergencia de la articulación entre la problemática ambiental, la globalización de la economía y la mundialización de la cultura implicó repensar la relación entre: sociedad, naturaleza y territorio a partir de los modelos de desarrollo (Luchiarini, 1996). Entonces los análisis ambientales comienzan a integrar otros factores, especialmente las diferencias derivadas de la
geopolítica5 mundial en el acceso a los bienes de la naturaleza entre los países industrializados y los países del tercer mundo. Progresivamente se acepta que los temas ambientales son una cuestión de poder (Bell, 1998).
También se identifican las diferencias entre grupos y clases sociales en las consecuencias de la degradación ambiental. Las desigualdades sociales, permiten a unos pocos acceder y utilizar los bienes naturales para generar su riqueza, en contraparte las grandes mayorías de la población mundial deben soportar en sus entornos más próximos las consecuencias negativas de la degradación del ambiente (Jiménez 1989). Por este camino se comienza un cuestionamiento ético del problema ambiental en general, este cuestionamiento ético genera las condiciones para una asociación entre el pensamiento crítico y el pensamiento ambiental. Profundizando así el debate hacia un proceso que amplia la base conceptual generando incluso una serie de nueva terminología “ecopolítica”, “ecocatástrofe”, “ecoconciencia”, economía ambiental, economía ecológica, justicia ambiental, etc. (Worster, 2008). Este fenómeno tiene como figura destacada a Murray Bookchin que desde un profundo análisis teórico, postulaba la necesidad de una ecología social6, profundamente radical en síntesis una ecología de la libertad (Bookchin, 1972).
Se comienza a señalar desde distintas aproximaciones que la crisis ambiental es una crisis civilizatoria (Leff, 1998) y que no se puede separar la degradación de la dimensión físico biológica del deterioro social y que ambos son manifestaciones de un mismo problema (Sosa, 1995). Así a principios de 1990, las nuevas interpretaciones consideran inaceptable la separación entre ciencias sociales y ciencias naturales, ven la necesidad de avanzar hacia la integración de una dimensión ambiental en las investigaciones tradicionales sobre el cambio social, y la integración de una dimensión social en las investigaciones (no tan tradicionales) sobre el cambio ambiental, como única salida del problema.
3 – La construcción de soluciones
Las propuestas de soluciones a este problema se mueven entre dos extremos. Por un lado la ciencia crítica o radical construye su solución desde las bases del pensamiento socialista integrando la dimensión ambiental. En el otro extremo se ubica el reconocimiento de la coevolución social y ecológica. En toda la gama de posiciones se buscan los elementos relevantes para conformar una nueva teoría que se distingue por su reconocimiento de la inseparabilidad de los sistemas sociales y ambientales (Naredo, 1992).
Sin embargo desde la mayor parte de las posiciones y fundamentalmente debido a la deficiencia en la formación, herencia del paradigma de simplicidad; se termina finalmente trabajando en las relaciones sociales o en las relaciones biofísicas del ambiente. Sin poder, ni siquiera integrar las relaciones de los humanos con el ambiente (Bookchin, 1999). Una interpretación alternativa, es buscar, analizar y explicar el impacto de las prácticas sociales en el ambiente entendiendo los procesos
5 Geopolítica el concepto refiere al conjunto de interacciones entre la política de Estado y la información geográfica sobre los bienes de la naturaleza disponibles en un territorio. Interacciones que permiten definir las directrices estratégicas implícitas o explicitas de los estados
6 Como señalara E. A. Gutkind: “La meta de la ecología social es la totalidad y no la mera suma de innumerables detalles tomados al azar e interpretados subjetiva e insuficientemente”. La ciencia se ocupa de las relaciones sociales y naturales en las comunidades o “ecosistemas”. Al concebirlos holísticamente, es decir, en los términos de su interdependencia mutua, la ecología social busca descubrir las formas y modelos de interrelación que permiten comprender una comunidad, ya sea natural o social (Bookchin, 1985).
de producción y reproducción como conjuntos de intercambios entre el hombre y la naturaleza (Sevilla Guzmán y González de Molina, 1995).
Avanzada la década de 1990 se establece un cierto acuerdo entre las principales escuelas de pensamiento ambiental referido a la causalidad explicativa de la crisis ambiental global. Estas explicaciones consideran que en la segunda mitad del siglo XX se da una profundización a escala planetaria de la tendencia hacia la homogeneización de los sistemas ambientales diversos. Proceso asociado al desarrollo de la tecnología que posibilita las intervenciones sobre grandes superficies territoriales. Los ejemplos más trabajados en este sentido son por un lado el sistema energético de las sociedades industriales modernas y fundamentalmente los sistemas agrarios que se organizan bajo la forma de grandes superficies de monocultivos, siguiendo los principios de la revolución verde y de los agronegocios (Oesterheld, 2008). En este periodo la mayor preocupación en la reflexión e investigación ambiental se organizan hacia la dimensión física biológica, crisis global de la biodiversidad, degradación de
Comentarios
Publicar un comentario